Soy asidua radioescucha de Tres Patines. En "la noche de mis tiempos", desde mi primer infancia cuando mis padres, carentes aùn de televisiòn y posibilidades de adquirirla, se acurrucaban bajo el cobertor con su nena -ora yo- en el medio, para platicar los incidentes del dìa y hacer una larga lista de planes familiares antes de dormir. Mi recuerdo es que mis ojos se cerraban de sueño, pero no me podìa dormir hasta escuchar el.. "¡Venga la Sentencia!" de cada noche.

Quizà desde entonces es que soy fanàtica del absurdo. Tres Patines es quizà mi alter ego, porque su manera de afrontar la vida y sus "viscicitudes", es el recurrir al absurdo. Desde el lenguaje que confunde unas palabras con otras, ò el cambio de alguna vocal que da un significado distinto y una intenciòn jocosa a sus intervenciones.

El absurdo es rìspido porque choca con la sensatez, pero a la buena, es lo que menos importa. El mundo absurdo, ojo, sin rayar en lo bizarro, genera en mì una elocuancia que me ayuda a salir avante de situaciones chocantes.

El absurdo es casi màgico. En una sociedad como la nuestra, es absurdo que uno trabaje sòlo por amor al oficio, sin cobrar. Es absurdo que uno se enamore de un feo, asì como caminar mil leguas sòlo por un choco milk.

Enamorada de la vida que soy, encuentro en mi altar al absurdo, la mejor vìa de entender esta vida que nos topa con crueles realidades.